Dermatología y crisis ecológica: la piel como órgano centinela Dermatology and the ecological crisis: The skin as a sentinel organ.
Contenido principal del artículo
Resumen
La piel no solo refleja el estado de salud del individuo, también refleja el estado del planeta que habitamos. Como barrera biológica y órgano visible, la piel actúa hoy como un verdadero centinela de la crisis ecológica global porque el órgano de mayor superficie del organismo y en contacto permanente con el exterior es, probablemente, uno de los primeros tejidos en expresar el deterioro ambiental.
En los últimos años quienes ejercemos la dermatología hemos comenzado a observar cambios que van más allá de la ciencia pues la piel parece reaccionar cada vez con mayor intensidad al entorno ambiental alterado, sobre todo en las dermatosis inflamatorias.
El consultorio dermatológico se ha convertido, lenta y silenciosamente, en un espacio donde también se manifiesta la crisis climática; muchas veces el motivo de la consulta no es una lesión cutánea, es una piel que perdió el equilibrio en un mundo que también lo ha perdido.
El incremento progresivo de la radiación ultravioleta, la alteración de la capa de ozono (que se han señalado como causantes del aumento de cáncer de piel), el efecto invernadero y el aumento de la temperatura global por encima de los dos grados Celsius, producen las subsecuentes sequías y lluvias atípicas, que condicionan modificaciones importantes en el equilibrio ambiental.
A ello se suma la polución por numerosos contaminantes emergentes, entre ellos nanopartículas y nanoplásticos, capaces de actuar como disruptores endocrinos.
La alteración de la calidad del agua y del aire es favorecida por contaminantes físicos, químicos y biológicos. Están los pesticidas y fertilizantes que, al filtrarse a mantos acuíferos, provocan eutrofización (crecimiento descontrolado de algas); los metales pesados como el arsénico y el plomo; el dióxido de azufre que, al reaccionar con el agua, rápidamente la acidifica; los nitratos que, cuando están en concentraciones elevadas en el agua potable, pueden disminuir la capacidad de la sangre para transportar oxígeno al organismo.
Hoy, ante la creciente frecuencia de los incendios forestales se aplican los retardantes de fuego que contienen grandes cantidades de compuestos nitrogenados que se filtran a los mantos acuíferos. Entre los contaminantes domésticos están los productos orgánicos eliminatorios persistentes, productos de limpieza y desechos alimentarios. Mención importante debe hacerse a los productos farmacéuticos, hormonas, la escorrentía minera y a todos los contaminantes emergentes que afectan de manera significativa la biodiversidad de la flora y la fauna.
Todos estos cambios contribuyen a la expansión de la zoonosis, incluidas las enfermedades vectoriales, hacia nuevas áreas geográficas, así como la aparición de mutaciones y nuevas especies. Actualmente existen focos autóctonos de leishmaniasis y dengue en latitudes previamente no afectadas, por lo que se retarda el diagnóstico del padecimiento.
Los dermatólogos debemos asumir una actitud ecorresponsable frente a la relación del medio ambiente y la salud cutánea. Existe un doble objetivo: comprender la repercusión de los factores ecológicos en las enfermedades de la piel y promover una práctica dermatológica respetuosa y sostenible, que evite la sobreprescripción y el consumismo cosmecéutico innecesario; asimismo, favorecer procesos de fabricación sostenible, desde la selección del ingrediente y envase, hasta la reducción de empaques superfluos, además de fomentar la educación ambiental en nuestros pacientes.
Todos somos actores climáticos. Cuidar el ecosistema representa también proteger la salud cutánea presente y futura. La crisis ecológica exige una medicina consciente, preventiva y humana, capaz no sólo de curar enfermedades, sino también de dignificar la práctica dermatológica.
Griselda Woo González
Dermatóloga, práctica privada,
Monterrey, Nuevo León, Mexico