Dermatofibroma queloideo: una variante rara de un tumor común y sus hallazgos dermatoscópicos
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Abstract
Estimado editor:
El dermatofibroma es una neoplasia cutánea común que afecta, principalmente, a adultos de mediana edad, con un ligero predominio en mujeres. Se distingue por múltiples variantes clínicas.1,2 Como parte de esta diversidad, la variante queloidea o dermatofibroma queloideo es particularmente infrecuente;1,2,3 representa sólo entre el 1 y el 2.4% de todos los dermatofibromas;4 es más común en poblaciones asiáticas.5
En términos clínicos, el dermatofibroma queloideo se manifiesta como una neoformación nodular firme,6 de color marrón o rojizo, o como múltiples pápulas eritematosas y duras dispersas en su variante diseminada.7 Estas lesiones suelen ser neoformaciones nodulares de aproximadamente 1 cm o pápulas firmes con base eritematosa no menores a 1 cm.6
En cuanto a su descripción dermatoscópica, la bibliografía ha reportado los siguientes hallazgos: eritema, telangiectasias, áreas y líneas blancas brillantes, junto con pigmento marrón o amarillo.3,5,6,8 Desde el punto histológico, el dermatofibroma queloideo se distingue por áreas circunscritas con aspecto queloide, compuestas por fibras de colágeno eosinofílicas gruesas, orientadas irregularmente en la parte superficial del tumor, que alternan con islas de fibroblastos fusiformes; la coexistencia de anexos es variable.2
Si bien su origen exacto se desconoce,1 el dermatofibroma queloideo comparte con las cicatrices queloides un desequilibrio en la activación de miofibroblastos y fuerzas de tensión, asociado con inflamación crónica. No obstante, se diferencian en su topografía porque el dermatofibroma queloideo es más común en las extremidades, mientras que las cicatrices queloides prevalecen en el torso. Además, el dermatofibroma queloideo se manifiesta típicamente sin una lesión previa o antecedentes familiares.4
CASO CLÍNICO
Paciente masculino de 88 años, que acudió a valoración por una dermatosis localizada en el tórax anterior, específicamente a la altura de la quinta costilla derecha, lateral al esternón. La lesión era unilateral y asimétrica, constituida por una neoformación nodular ovalada de 3 x 1.5 cm, de consistencia firme y coloración amarilla. Tenía bordes bien definidos y era asintomática, con dos meses de evolución y un crecimiento abrupto. El paciente no refería antecedentes de un lesión previa en la zona ni otros antecedentes relevantes para el caso. Figura 1

En términos dermatoscópicos, la lesión no melanocítica mostraba un área homogénea blanco-amarillenta que abarcaba toda la porción central. Asimismo, se observaron líneas blancas ortogonales (visibles con luz polarizada) en la superficie, áreas con pigmento marrón en la periferia y pequeñas islas con vasos puntiformes. Figura 2

El estudio de la biopsia por escisión de la lesión reveló una neoformación nodular circunscrita. Estaba compuesta por fibroblastos de aspecto fusiforme con núcleos ovales hipercromáticos sin atipia y citoplasma poco definido, que alternaban con fibras de colágeno de grosor variable y tipo queloide, dispuestas en haces cortos sin un patrón característico. Estos hallazgos confirmaron el diagnóstico de correlación clínica-dermatoscópica-histopatológica de dermatofibroma queloideo. Figura 3

La lesión se resecó por completo y, hasta el momento del seguimiento, no había tenido recidiva.
DISCUSIÓN
El diagnóstico certero del dermatofibroma queloideo es un desafío debido a su similitud clínica con otras lesiones cutáneas que incluyen cicatrices queloides, dermatofibrosarcoma protuberans, fascitis nodular y otros tumores de células fusiformes.6 Este padecimiento infrecuente plantea desafíos diagnósticos debido a la superposición de características con otras lesiones.
Existen pocos reportes que insistan en los hallazgos dermatoscópicos del dermatofibroma queloideo. Al comparar este caso con las descripciones previas en la bibliografía, se encontraron similitudes: tumoraciones blanco-amarillentas, pigmento marrón y líneas blancas brillantes. Sin embargo, las características vasculares observadas en el paciente del caso fueron completamente distintas a lo reportado previamente y no hubo eritema.
La resección quirúrgica es el tratamiento de elección del dermatofibroma queloideo y la técnica usada dependerá de la localización y la extensión de la lesión y la experiencia del cirujano. Se ha reportado que las recidivas son excepcionales.5,7
CONCLUSIONES
La dermatoscopia puede ser un método útil para la evaluación inicial de estas lesiones. No obstante, su interpretación requiere cautela y el análisis de otros casos, debido a la escasez de datos específicos de patrones dermatoscópicos asociados con el dermatofibroma queloideo. Por lo tanto, el análisis histopatológico continúa siendo indispensable para confirmar el diagnóstico definitivo.
DECLARACIONES
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Financiamiento
Ninguno.