Comentario sobre la carta al editor “Enfermedad de Schamberg: caso inusual”

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Jorge Alberto Cortez Vila

Abstract

Estimado editor:


 


Hemos leído el caso clínico publicado por Bermúdez et al. titulado “Enfermedad de Schamberg: caso inusual” (Dermatol Rev Mex 2025;69(2):309–312) con gran interés. Reconocemos la importancia de la detallada descripción clínica e histopatológica de esta paciente joven, así como la relevancia del diagnóstico diferencial y del seguimiento a largo plazo y oportuno en este tipo de dermatosis de curso crónico.


 


En el estudio que realizamos recientemente publicando en la misma revista, titulado “Dermatitis purpúricas pigmentadas: características epidemiológicas y clínicas en un hospital general de la Ciudad de México” (Dermatol Rev Mex 2024;68(6):743–752), se describió una serie de casos de 27 pacientes con diagnóstico histopatológico confirmado de dermatitis purpúrica pigmentada, en la cual, la enfermedad de Schamberg fue la variante más frecuente. Esto reafirma que pese a su baja prevalencia, esta entidad continúa siendo la forma más común de presentación dentro del espectro de las púrpuras pigmentadas en nuestra población.


 


Nos gustaría llamar la atención que en el caso descrito, se menciona el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINE); en nuestro estudio encontramos que el 29.6% de los pacientes tenían antecedente de consumo de medicamentos, incluyendo no solo AINE, sino también inhibidores de la recaptura de serotonina, anticoagulantes e incluso antidiabéticos orales. Esta observación respalda la hipótesis de que ciertos fármacos podrían actuar como desencadenantes en algunos individuos, a través de mecanismos aún no del todo dilucidados.


 


Coincidimos en que el diagnóstico clínico debe fundamentarse en herramientas como el estudio histopatológico y la dermatoscopía, en los cuales ya existen criterios establecidos para confirmar esta entidad. Es importante hacer énfasis en que el diagnóstico diferencial puede ser complejo, y que su asociación con trastornos linfoproliferativos debe valorarse con cautela. En nuestro estudio, dos pacientes presentaron micosis fungoide como comorbilidad, y uno de ellos, además, pitiriasis liquenoide crónica; lo cual destaca la relevancia de un seguimiento riguroso e incluso de estudios complementarios como inmunohistoquímica y biología molecular, especialmente en situaciones con una evolución atípica o tórpida.


 


Consideramos importante destacar que, a pesar de que el caso presentado fue tratado exitosamente con pentoxifilina, corticosteroides tópicos y fototerapia, no existen guías que expongan un tratamiento estandarizado para esta dermatosis. En nuestra experiencia, el manejo se individualizó según la extensión y sintomatología, resaltando la aplicación de queratolíticos, emolientes, esteroides tópicos y medias de compresión, especialmente en pacientes con datos de insuficiencia venosa.


 


Felicitamos la divulgación de casos clínicos como el de Bermúdez et al., puesto que amplían el conocimiento clínico y fomentan la discusión sobre estas entidades poco frecuentes.

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Carta al Editor