Muchachos trepando a un árbol… Goya, las manos de un artista con el ojo clínico de un galeno

Pablo Campos Macías

Resumen


Muchachos trepando a un árbol es uno de los cartones para tapiz, obra del pintor aragonés Francisco de Goya y Lucientes, de 141 x 111 cm. Estaba destinado como sobrepuerta a la decoración “de asumptos de cosas campestres y jocosas”, del despacho de Carlos IV en la zona palaciega de San Lorenzo de El Escorial, fue encargado en 1790 y pintado entre 1791 y 1792; último proyecto de este género que realizó. Entregado en fecha indeterminada, en 1792, a la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, Madrid. Transferido entre 1856 y 1857 desde la Fábrica de Tapices al Palacio Real, Madrid. Ingresó en el Prado por reales órdenes en 1870.

En la escena, que se desarrolla en un ámbito rural (Figura 1), se representan tres niños, sus vestiduras, muy sencillas, raídas y en algunos sitios rotas, sin zapatos, traducen su origen humilde; se ayudan unos a otros para trepar a un árbol. Uno de ellos se agacha, permitiendo que su compañero, que luce unas calcetas rotas, se pare en su espalda para poder alcanzar una de las ramas; el tercer compañero, situado atrás de ellos, porta un vendaje en la frente, con sus brazos extendidos observa con expectación la escena, tratando con su mano derecha de darle mayor impulso; en un primer plano, sobre el piso, de aspecto terroso, sobre un área blanquecina no bien definida, se encuentra un sombrero negro y una larga vara. El paisaje de fondo muestra a la derecha un castillo medieval y a su izquierda unas majestuosas montañas. Los contrastes de luz son muy evidentes, en la escena central, ocupada por los jovenzuelos y el árbol, los colores son vivos, en el trasfondo el autor representa una atmósfera brumosa.

La representación en un ambiente campirano es alegre por su colorido, contenido y la presencia de los tres jóvenes que intentan trepar al árbol, quizás por diversión o tratando de alcanzar un fruto o un nido, pasaría por una representación campestre normal, salvo por un detalle inusual que agrega Goya en la piel cabelluda del niño que se encuentra agachado (Figura 2); a pesar de tener el pelo recortado en totalidad, pueden observarse algunas áreas de alopecia o pseudoalopecia grandes e irregulares. No puede descartarse la posibilidad de una alopecia areata, menos factible cicatricial, siendo el diagnóstico más probable el de una tinea capitis, micosis superficial muy frecuente en Europa en esa época y que intencionalmente Goya quiso representar, al ser una enfermedad de observancia usual en la población infantil. 

La evidencia de que el niño en esta pintura tiene tinea capitis nos la proporciona el propio autor, este cartón forma parte de los últimos siete que pintó para decorar el despacho del Rey en el Palacio de San Lorenzo de El Escorial con temas de “cosas campestres y jocosas”, siendo parte de esta última colección se encuentra “La boda”, actualmente en el Museo del Prado, en ella se muestra la celebración de una boda campesina con numerosas figuras, entre ellas varios niños, en uno de ellos, que porta el pelo más largo, se observa un área alopécica, irregular y muy evidente; al ser la tiña de la cabeza un proceso fácilmente transmisible y por lo mismo frecuente, no es raro que lo plasme en otra de sus obras.

La tinea capitis (tiña de la cabeza), micosis superficial causada por dermatofitos (las dos principales especies causales son Trichophyton tonsurans y Microsporum canis), es fácilmente transmisible, afecta principalmente a niños en edad escolar y se caracteriza en su variedad más frecuente, la seca (85%), por áreas únicas o múltiples, pseudoalopécicas en las que se observan pelos cortos y escamas, y una variedad inflamatoria (15%) en la que las lesiones iniciales, debido a una reacción del sistema inmunológico que trata de eliminar el agente causal, produce un proceso inflamatorio con eritema y dolor. 

La cantidad de niños afectados en el siglo XVIII y XIX era muy alta, los aquejados de la tiña eran rechazados de todos los centros de reunión, entre ellos las escuelas, por otra parte, se les mantenía poco dentro del hogar, convirtiéndose en vagabundos. La situación llegó a ser alarmante, al grado que en París, el Hospital Saint-Louis, institución en la que la dermatología nació como una disciplina médica más estructurada, creó dentro de sus instalaciones en 1886 una Escuela para enfermos de los tiñosos, designada escuela Lailler en reconocimiento a su principal promotor. Los niños acudían en el mismo horario que tendrían que acudir a la escuela, se les impartían las clases, se les proporcionaban alimentos y se establecía un protocolo de tratamiento diario para su problema, regresando por la noche a sus hogares.

Francisco de Goya y Lucientes nació en Fuendetodos, municipio de la provincia de Zaragoza, en la localidad autónoma de Aragón, España. Se trasladó a Madrid en 1775 y enseguida empezó a pintar cartones para la Real Fábrica de Tapices, probablemente gracias a la recomendación de su cuñado, el pintor de la corte Francisco Bayeu. Hasta 1780 trabajó sin salario fijo, cobrando por cada cartón que entregaba. Aquel empleo fue una vía crucial de acceso a la corte de Carlos III y a los príncipes de Asturias, el futuro Carlos IV y su consorte María Luisa, que más tarde serían los clientes más importantes del pintor. Durante su vida realizó cartones en varias etapas, se conocen cuatro series, la última entre 1788 y 1792 para el despacho del recién proclamado rey Carlos IV en El Escorial, la serie debería ser de 12 cartones, de los cuales, por problemas de salud, sólo realizó siete, dos de ellos son Muchachos trepando a un árbol y La boda. A mediados de 1824 se trasladó a Burdeos donde residiría hasta su muerte.




DOI: https://doi.org/10.24245/dermatolrevmex.v66i4.7947

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